Una mudanza internacional cuando viajas con un hijo con necesidades especiales no es una empresa fácil. A principios del 2017 dejamos España con destino a Nueva Zelanda. Nuestro hijos no hablaban inglés y, a pesar de tener doble nacionalidad, eran más «latinos» que «kiwis».
No siempre puedes organizar todo lo que te gustaría por control remoto, pero en nuestro caso, pudimos preparar algunos aspectos de nuestra nueva aventura antes de subir al avión.

5 decisiones que facilitaron el traslado internacional a una familia con necesidades especiales:
1. Buscamos un buen colegio de educación especial… dos años antes de mudarnos.
Esta es probablemente la decisión más importante que tomamos antes de trasladarnos. Acabar en un colegio con el que no estés contento puede complicarte mucho el proceso de adaptación, que seguramente será complicado de por sí.
Está claro que tanta previsión no es posible para todos, ya que cambiar de país es a veces una situación que se da en pocos meses. En nuestro caso sabíamos que éste era nuestro próximo destino, así que dos años antes de mudarnos estábamos en la lista de espera del colegio que nos interesaba. La ciudad sólo tenía dos colegios con aula de educación especial, y queríamos uno en concreto. Incluso con toda esta previsión, a la fecha de comenzar el viaje aún estábamos en la lista de espera para el aula de educación especial. Por temas en los que no entraré ahora tuvimos que comenzar el curso en aula ordinaria, pero con la tranquilidad de que el colegio tenía el know-how necesario en apoyar a niños con necesidades especiales y podría para gestionar nuestra situación.
Si os trasladais a ciudades grandes, este punto puede no ser tan vital. Pero si el destino es una ciudad pequeña con pocas opciones, un buen colegio puede tener una lista de espera considerable.
2. Comenzamos a buscar una casa para alquilar cinco meses antes de mudarnos (por internet). Y firmamos un alquiler de corta duración, seis meses, antes de comenzar el viaje.
Aunque es cierto que la estabilidad es necesaria para cualquier niño, un niño con necesidades especiales suele funcionar mejor dentro de una vida ordenada y con rutinas. Comenzar un peregrinaje de hoteles o apartamentos puede hacer la vida bastante difícil. La búsqueda adelantada de un alquiler puede parecer obvio, especialmente si consideramos destinos a una o dos horas de distancia. Sin embargo, en nuestro caso estamos hablando de una mudanza a las antípodas. No es tan sencillo tomar un avión, realizar la gestión y volver a casa (a no ser que seas millonario, viajes en business y no afecte tu bolsillo). Nuestra búsqueda fue por internet, aunque no fue tan suicida como puede sonar porque enviábamos a amigos que viven aquí a inspeccionar las que nos gustaban.
Teníamos buenos motivos para tomarnos estas molestias previas, ya que para ser admitidos en el colegio que queríamos (punto 1) teníamos que tener residencia en la zona. La ventaja añadida fue que pudimos evitar semanas de aparthotel sin sitio para poner guardar todas las cajas que vinieron en una pequeña parte de la mudanza por vía aérea. A efectos prácticos supuso que todo el material de supervivencia que podíamos necesitar (juguetes, dvds, cuentos) estaba con nosotros desde el principio. Y en el peor de los casos, se trataba de un período corto ya que no nos habíamos comprometido a un alquiler a largo plazo.
3. Apuntamos a nuestro hijo a logopedia de inglés en Madrid.
Víctor completó un año de logopedia en inglés antes de dejar España. Aunque a su llegada a Nueva Zelanda aún no se comunicaba en inglés, a nivel comprensión tenía un vocabulario básico del día a día y entendía instrucciones básicas
4. El viaje de ida incluía una gran sorpresa.
Queríamos asegurarnos de que la despedida no fuese dramática, así que de camino a nuestra nueva vida nos esperaba una parada en Hong Kong Disney (cortesía de los Reyes Magos de Oriente). De esta forma, cuando nos despedíamos llorando de padres, hermanos y primos, sabíamos que nos dirigíamos al aeropuerto para irnos a Disney World. La aventura no podía empezar mejor.
5. Hablamos mucho del viaje y de todos los cambios que iba a suponer.
Aquí tuvimos la inestimable ayuda de la mejor profesora que nuestro hijo pudo haber encontrado en su vida, Ana Aldabalejo. Semanas antes del viaje Ana comenzó a trabajar con él sobre las implicaciones de mudarse a un nuevo país y los sentimientos que podrían darse, como el echar de menos a sus compañeros. No llegó a ser capaz de visualizar la situación. No es sorprendente ya que el cambio era demasiado grande para poder entenderlo. Pero en el largo plazo, sí que fue capaz de etiquetar y entender lo que le estaba pasando. Un año más tarde, cuando nos reencontamos con profesores y compañeros, sus primeras palabras para Ana fueron para reconocer que les había echado de menos.
¿Os habéis visto en esta situación? ¿Qué le recomendaríais a otros padres que tienen que dar el gran salto?
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*Créditos fotografía: James Coleman en Unsplash.com

