¿De qué tamaño es mi problema? (Imprimible) Ayuda a tu hijo o alumno a valorar el tamaño de sus problemas y guíalo a través de pasos sencillos de resolución de problemas. Al final del artículo, puedes descargar la ficha gratuita «¿Qué tan grande es mi problema?»
Para muchos niños, los problemas pequeños y los grandes pueden parecer sorprendentemente similares.
Perder un lápiz puede generar casi tanta frustración como derramar zumo sobre su libro favorito, no porque ambas situaciones sean igual de graves, sino porque gestionar las emociones requiere tiempo y práctica.
Si lo piensas bien, es mucho pedir que los niños ajusten su reacción a nuestra idea de lo serio que es un problema. El control emocional es una habilidad que aún se está desarrollando. El desarrollo de la regulación emocional, la toma de perspectiva y el pensamiento flexible influyen en la forma en que reaccionan.
Y, por supuesto, la intensidad emocional no siempre está ligada a la lógica. Incluso los adultos a veces reaccionamos con fuerza ante pequeñas frustraciones antes de darnos cuenta de que no eran para tanto.
Aprender a notar si un problema es grande o pequeño ayuda a los niños a tomar distancia, pensar con más claridad y decidir qué hacer después.
El objetivo no es minimizar sus problemas. Se trata de darles herramientas para entender lo que sienten y de usar estrategias de resolución de problemas que encajen con la situación.
Cómo se usa el concepto “El tamaño de mi problema”
La idea de pensar si un problema es grande o pequeño no es nueva. Es algo que hacemos de forma natural cuando decidimos qué requiere atención inmediata y qué puede esperar.
En educación y aprendizaje socioemocional, programas como Social Thinking®, creado por la logopeda Michelle Garcia Winner, relacionan el tamaño del problema con el tamaño de la reacción emocional.
Mientras que el enfoque original de ¿Qué tamaño tiene mi problema? se centra en ajustar la reacción al tamaño del problema, la versión de este artículo pone el foco en la resolución de problemas.
En lugar de preguntar “¿Mi reacción es demasiado grande?”, preguntamos:
“¿Qué tipo de problema es este y qué puedo hacer al respecto?”
Decidir el tamaño de mi problema
Comprender el tamaño de un problema ayuda a los niños a:
- Parar y pensar antes de reaccionar (autorregulación).
- Encontrar soluciones que realmente funcionen (habilidades de resolución de problemas).
- Sentirse más tranquilos porque saben qué hacer después (habilidades de afrontamiento).
- Seguir intentándolo, incluso cuando algo se les hace cuesta arriba (resiliencia y mentalidad de crecimiento).
Esto les anima a hacerse preguntas como:
- ¿Cómo de serio es este problema?
- ¿Puedo solucionarlo yo solo?
- ¿Necesito ayuda? ¿Es algo que no puedo controlar ahora mismo?
El objetivo no es decirles que no se sientan mal. Las emociones son útiles, nos dan información.
El objetivo es ayudarles a decidir qué pueden hacer a continuación, para pasar de sentirse alterados a sentirse tranquilos, con control y listos para actuar.

¿Problemas pequeños, medianos y grandes?
¿Cómo podemos ayudarles a valorar el tamaño de sus problemas?
Problemas pequeños
Los problemas pequeños suelen ser cosas que podemos solucionar solos o con una acción sencilla.
Ejemplos:
- Se me rompió el lápiz en clase.
- Empezó a llover en el recreo.
- Cometí un pequeño error en la ficha.
Preguntas para pensar:
- ¿Puedo solucionarlo yo solo?
- ¿Qué cosas puedo hacer para mejorar la situación?
- ¿Me ha pasado algo parecido antes? ¿Qué me ayudó entonces?
- ¿Puedo mantener la calma y volver a intentarlo?
Problemas medianos
Los problemas medianos son situaciones que cuesta más manejar en solitario. Pueden requerir más esfuerzo y, a veces, ayuda o apoyo de otra persona.
Ejemplos:
- Tuve una discusión con un amigo.
- Saqué una nota baja.
- Perdí algo importante.
Preguntas para pensar:
- ¿Qué podría hacer para empezar a solucionarlo?
- ¿He probado más de una idea?
- ¿Qué podría hacer diferente la próxima vez?
- ¿A quién podría pedir ayuda si no puedo resolverlo solo?
- ¿Qué tipo de ayuda necesito: un consejo, ayuda práctica o solo que alguien me escuche?
Problemas grandes
Los problemas grandes son serios o están fuera de nuestro control. No podemos solucionarlos solos y necesitamos la ayuda de un adulto.
Ejemplos:
- Alguien se hace daño.
- Acoso escolar.
- Una emergencia familiar.
Preguntas para pensar:
- ¿A quién puedo decírselo ahora mismo?
- ¿Qué puedo hacer para mantenerme a salvo o sentirme un poco más tranquilo mientras espero?
Ver los problemas desde la perspectiva del niño
Lo que para nosotros parece pequeño puede resultar mucho más grande para un niño, y eso es lógico.
Cada persona vive las situaciones de forma distinta. Un problema “pequeño” puede provocar emociones muy intensas, y un problema “grande” a veces puede manejarse con calma cuando el niño se siente acompañado.
Lo importante no es decidir cuál es el tamaño “correcto” del problema.
Lo más importante es ayudar a los niños a darse cuenta de lo que está pasando y a decidir qué pueden hacer después, ya sea solucionarlo por sí mismos, pedir ayuda o buscar una forma de calmarse.
¿Qué puedo hacer con mi problema?
Una vez que los niños saben qué tan grande es su problema, el siguiente paso es decidir qué hacer.
La respuesta dependerá de la situación. Algunos problemas se pueden resolver enseguida, otros necesitan ayuda, y otros solo requieren tiempo o apoyo.
Qué hacer con problemas pequeños
Anima a los niños a intentar solucionarlos solos primero.
Pueden:
- Pensar en una o dos formas de solucionarlo o probar distintas opciones.
- Respirar hondo si necesitan calmarse antes.
- Usar los pasos de resolución de problemas: parar, pensar, elegir y actuar.
- Probar algo que les ayudó la última vez.
Qué hacer con problemas medianos
Los problemas medianos suelen necesitar más reflexión o ayuda.
Pueden:
- Hablarlo con un amigo o un adulto.
- Pensar en varias ideas y elegir una para probar.
- Tomarse un pequeño descanso para calmarse antes de decidir qué hacer.
- Recordar que es normal que la solución lleve tiempo.
- Si una idea no funciona, probar otra. Los errores también ayudan a aprender.
Qué hacer con problemas grandes
Los problemas grandes necesitan el apoyo de un adulto y, a veces, no se pueden “arreglar” de inmediato.
Los niños pueden aprender que la mejor opción es pedir ayuda y mantenerse a salvo.
Pueden:
- Contar lo que pasa a un adulto de confianza.
- Si es una emergencia, buscar ayuda lo antes posible: un profesor, un familiar u otro adulto de confianza.
- Centrarse en sentirse a salvo y tranquilos mientras otros ayudan.
- Usar una estrategia de afrontamiento, como respirar hondo, hablar, dibujar o apretar un objeto antiestrés.
- Recordar que no están solos y que hay personas que pueden ayudarles.
- Aceptar que a veces no hay una solución rápida.
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Artículos:
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Descargar la actividad “El Tamaño de Mis Problemas”
Esta ficha imprimible gratuita incluye tres niveles de problemas, pequeños, medianos y grandes, para ayudar a los niños a pensar qué tipo de reto están afrontando y qué acciones pueden ayudarles.
Es una herramienta visual, sencilla y práctica que convierte el análisis del tamaño del problema en resolución de problemas, y puede utilizarse en casa, en el aula o en sesiones de orientación o terapia.


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